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Mostrando las entradas etiquetadas como Cuentos

Vida y estrellas

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La primera vez que te vi, aquel verano de 1980, tuve la certeza de que íbamos a pasar el resto de nuestra vida juntos. Bueno, tal vez no la primera vez que te vi, pero cuando nuestras miradas se encontraron, en medio de la algarabía natural de la plaza, con gritos de promociones y regateos en cada puesto, el latido de mi corazón me confirmó habían partes de ti que necesitaba conmigo, pero en ese momento no entendía porque me afectabas tanto; tú te mostraste curiosa, como si te dieses cuenta de algo diferente en mis ojos, que se sentían de un insignificante color café frente a unos ojos color mar, viento y esperanza, y yo, tomando una bocanada de aire, esperando que no se me notara el nerviosismo, te guiñé con toda la picardía y seguridad que pude reunir, me sentía absurdo, pero tu rubor lo valió. Se convirtió en una rutina para mi tenerte siempre en mis pensamientos, al menos eso ayudaba a contrarrestar el dolor físico que ya parecía parte de mi. Anhelaba el día de plaza para poder inc...

Final del túnel

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El valle era un lugar en el que habitaban una comunidad de trenes de todo tipo: desde trenes reliquias y viejos trenes de carga, hasta trenes modernos, con diversidad de tecnología. Cada uno poseía su propia personalidad y la libertad para tomar sus propias decisiones sobre las vías férreas que querían recorrer. Sin embargo, la vía al final del túnel, de la que todos hablaban, era lugar desconocido para la mayoría, un misterio para casi todo el valle, la vía a la que solo unos pocos se atrevían a cruzar y aún más pocos lo lograban. El, más que todos, anhelaba el saber lo que sería atravesar aquella oscuridad, deseaba llegar a ser como los pocos trenes que tenían la facilidad de llegar al final de aquel túnel. Este, se encontraba un poco antes de la cima de aquella montaña donde se podía ver un manantial fresco y respirar un aire puro y limpio, experimentar una paz irracional, con un sentimiento de éxito, bajo una luz inexplicable, una arrolladora serenidad, algo diferente a lo habitual...

Ansias de felicidad

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El viento tapaba mis oídos, grandes y puntiagudos, mientras iba en su recorrido descontrolado de un lado a otro, haciendo que mi subida por las empinadas y lisas rocas de Recife fuese una odisea excesivamente tormentosa. Cuando logré llegar a la cima, con mi pelo crespo y amarillento golpeando cruelmente toda mi cara, la vi a lo lejos: mi hermana, la muñequita mona y lisa, con ojos azules y contextura delgada, sentada debajo de una sombrilla para protegerse del incandescente sol, sumergida en las páginas de un libro gordo y en vista pesado que no había soltado en semanas. ¡Qué hice yo para merecer una hermana perfecta en todo, mientras yo me quedaba escarbando las esquinas de su sombra con mis gordos y feos dedos, comiendo sin cesar los caramelos que siempre guardaba en mis bolsillos! Mi oportunidad de venganza llegó el día en el que escuché gritos estridentes viniendo de la sala. Mi madre se encontraba furiosa porque mi hermana parecía flotar por la vida, sin poner cuidado a lo que pa...

La prenda perfecta

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Al mirarse al espejo, Vestidy no se encontraba contenta con el simple jean que envolvía sus piernas y la camisa blanca que tantas miradas había atraído en su camino a casa. Eso sin mencionar la cantidad de palabras patriarcalmente pronunciadas que venían justo de ahí abajo y llegaban intempestivamente a sus oídos, cargadas de promesas lujuriosas imposibles de cumplir: - Adiós corazón de melón, te espero en la cama sin pantalón - le gritaron a coro unos hombres que cómodamente estaban invadiendo el espacio público. Vestidy tuvo que sacar la sombrilla que siempre cargaba con ella para hacer frente a la cantidad inaudita de saliva que acompañaba la pronunciación de esas palabras. Las cuales eran escupidas ante la visión de cualquier mujer que estuviera sola, claro está, sin importar la zona pública en la que hiciera su aparición. Vestidy estaba cansada de que la mitad de su bolso fuesen armas en contra de comentarios que podrían llegar a más: gas pimienta, un botón de emergencia por si se...

Arroz con leche

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No recordaba la última vez que se había preparado arroz con leche, pero al pensar en su suavidad, en el olor tan dulce que desprendía, en el queso estirándose al tomar una cucharada, en el sabor de la canela y las uvas pasas que se perdían entre esta mezcla lechosa y deliciosa… no pudo evitar comprar todos los ingredientes y dirigirse a su casa a preparar este exquisito platillo que había acompañado a su familia durante tantas generaciones, sobre todo después de enterarse de que se estaba formando una nueva vida en su interior. Cada cucharada era un recuerdo: la primera vez que intentó montar bicicleta sin las ruedas de apoyo y terminó en el piso con las rodillas peladas, y cómo su madre la consoló con una calma infinita, limpiando sus lágrimas y sirviéndole una gran taza de arroz con leche. O aquella vez que sintió como su corazón se partía ante el rechazo del niño que pensaba que iba a ser el amor de su vida, pero no resultó, y llegó a la casa con los ojos llenos de todo lo que no pu...

Solo una gota

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Hay cosas que llegan en tu vida en el momento más indicado, cosas temporales, que sabes que no durarán para siempre y que tienen la fecha de caducidad casi tatuada en su ser, pero no puedes evitar entregarles todo tu corazón, derramar en ellas todos tus sueños, volverlas parte de tu rutina e ignorar ese susurro en un rincón de tu cabeza que te dice que el tiempo se agota. Me había dejado llevar por la realidad, por el mal, por la oscuridad, y simplemente caminaba por la vida esperando… nada, hasta que ella llegó a mi, la prueba de que hay algo superior a nosotros que nos regala cosas más allá de nuestro entendimiento.  Caminaba por las calles rumbo a mi casa, arrastrando los pies sin fijarme en lo sucios y rotos que se encontraban mis zapatos, con la cabeza observándolos desprovisto de algún pensamiento, hasta que ese olor me hizo levantar la cabeza, mi cuello crujía a causa de la extraña posición que tomó, había olvidado lo bien que se sentía echar los hombros hacia atrás y apreci...

Sin Control

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- Pide permiso para ir al baño y no regreses, tu me caes bien. Al principio pensé que me había imaginado esas palabras en mi cabeza, así que la sacudí y me dispuse a continuar prestando atención al pizarrón donde habían varios ejercicios matemáticos que requerían de toda mi concentración para lograr resolverlos. Sin embargo, se sentía tal tensión en el ambiente que empecé a creer que no eran solo ideas mías, era consciente más que nunca de su presencia detrás de mí, la de aquel chico que no hablaba con nadie, que se la pasaba solo en su mundo lleno de negro y punk, y que personalmente nunca me había interesado demasiado. Decidí voltear para confirmar que era él quien me había susurrado aquellas palabras, y lo encontré mirándome fijamente con algo extraño en los ojos, una felicidad que desentonaba con su tristeza constante; movió los ojos hacía abajo y decidí seguir su mirada, tenía un arma. Al principio mi mente se quedó en blanco, no lograba atinar la razón por la que traía eso al ins...

Mamá

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Para mi mamá, la mujer más fuerte y  valiente que he conocido en la vida. La alegría de tener vida creciendo dentro de tí es algo que no se puede describir, pensaba Claudia, aún cuando ya era su tercer embarazo y se supone que debería ser una experta en todo el tema de los mareos, antojos y dolores; pero ya habían pasado 16 años desde la última vez que sintió que dentro de ella crecía algo que tomaba todo lo que tenía a la mano para poco a poco crecer, que se formaba a partir de todo lo que ella era y sin piedad la cambiaba para siempre. Sin embargo, su cuerpo se sentía primerizo en una nueva aventura que no pidió, pero que ya no tenía más remedio que disfrutar y afrontar las consecuencias. Su vida dió un giro absoluto cuando durante más de siete meses solo conoció padecimiento y dolor, piernas inflamadas, inyecciones dos veces por día, incertidumbre de que todo lo que hacía fuese en vano, culpa por anhelar a una edad tan avanzada algo que para ella ya estaba prohibido, alegría de ...

¿Y si...?

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Hoy fue un día demasiado agotador, otra jornada de prever escenarios catastróficos y buscar la manera de solucionarlos, la vida cotidiana de todo desarrollador de software. Aquella mujer nueva que llegó a trabajar con nosotros, toda llena de sonrisas y una cara fresca que reflejaba una noche de descanso completa, sus ojos iluminados por la curiosidad al ver como todos teníamos los nuestros fijos en el computador identificando posibles amenazas, me da pena. Ya veremos si su luz continúa encendida después de máximo dos meses en ese lugar. No pude evitar contestarle todas las preguntas que tenía, a pesar de que solo quisiera silencio a mi alrededor. Para explicarle más o menos que hacíamos le puse el ejemplo básico: Una persona se va a meter a Facebook, desde ese momento empiezan las opciones: ¿Y si no pone la contraseña correctamente, que procede? ¿Y si la pone correctamente pero no desde el IP habitual y es un hacker? ¿Y si se quieren robar toda su información y ella lo acepta inconscie...

Una loca más

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Inspirado en la vida de Nellie Bly La injusticia era algo que no podía tolerar. Conocer la verdad, o al menos tener indicios de ella, y no hacer nada al respecto me parece algo absolutamente malvado y egoísta. Es por eso que desde que escuche rumores a cerca de malos tratos hacia los pacientes en el Hospital Whittingham, el centro psiquiátrico más grande de Inglaterra, me propuse crear un plan con el fin de mostrarle al mundo entero, haciendo alarde de mi deber ser como periodista, y a mi misma, si aquellos rumores eran ciertos; y sólo había una forma: Convertirme en una loca más. Al principio no fue fácil, pero poco a poco el plan se fue armando en mi mente. Decidí excluirme a las afueras de mi ciudad con el fin de generar confusión entre mis allegados, y que empezaran a creer que algo raro estaba sucediendo en mi cabeza. Sabía que si era capaz de convencer a mis conocidos, iba a ser mucho más sencillo con extraños. Y así fue. No puedo negar que habían noches en aquella desolada casa,...

Roto y sin remedio

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Bombeo, bombeo, bombeo.  No sé cómo admitirle al cerebro que me he enamorado de nuevo, que últimamente me siento lleno de energía, con ganas de salirme de este pecho y explotar de la emoción. Ya me imagino su cara de reproche, intentando recordarme que hace menos de cuatro meses me rompí, y sufrí mucho. Me recordaría que uno no se limita exclusivamente a amar a una persona, que también nos enamoramos de sueños que no van a llegar a ser, de instantes que es imposible recuperar, de palabras nunca pronunciadas y besos nunca dados. En esa ocasión, no entendía qué era lo que me pasaba hasta que vi las fisuras apareciendo sobre mi tejido y entendí que yo era más que un órgano; pude sentir el dolor desgarrador de partirme no sólo en dos, como siempre lo pintan, si no en miles de pedazos, es un dolor indescriptible, en el que ya no me sentía como yo mismo, parecía como si un vacío hubiese tomado mi lugar, pero yo seguía plenamente consciente de cómo la traición, la decepción, la incredulid...

Volviendo a empezar

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Hola, buenos días, hoy te voy a contar cosas que no puedes olvidar. En primer lugar, todos los días nos levantamos a las 6:00 de la mañana para alcanzar a desayunar juntos antes de que nuestros hijos deban irse a estudiar y yo a trabajar, sin embargo, por estos días tengo una rutina más flexible ya que todos aprovecharon las vacaciones para pasar una temporada con mi suegra en un pueblo que está a unas tres horas de aquí, así que por poco tiempo puedo darme el lujo de dormir aunque sea una hora más, aún así sigue siendo un martirio levantarme, no sé en qué momento pensé que trabajar como auxiliar contable en una empresa que prácticamente me explota iba a ser toda una aventura, pero es lo que hay. Después de realizar todas las cosas propias de la mañana que seguramente no olvidarás hacer, me dirijo a la calle disponiéndose a caminar la hora que me separa de mi lugar de trabajo, odio los carros, los buses, las motos… así que lo único que me queda son mis pies. Después de una jornada labo...